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Qué raros los cordones

No estaba teniendo una gran semana. Lo de hacerse mayor y el estrés en el trabajo y las cosas que son para ayer y eso de sentir que estas gastando tu tiempo en algo que no es lo tuyo. Y me jode, me jode estar mal por algo que no me importa y pagar con quien me importa eso de no estar bien.

Y sucede lo de siempre, cuando lo malo no es importante, lo bueno siempre gana la partida. Hoy ha sido un gran día de mierda. Hoy he descubierto qué se siente cuando unos desconocidos te mandan un mail alegrándose de que les haya llegado el libro que has escrito. Hoy he vuelto a sentir eso que se siente cuando una vieja amiga te dice que se ha llevado tu libro a otro continente y que le ha gustado. Hoy me han hecho sonreír.

Iba a ser un día de mierda, estaba programado así. Pero entonces me he despertado y he visto que una persona que no me conoce de nada, me ha escrito un texto largo, decía muchas cosas. Hoy una persona me ha escrito y me ha dicho que le sienta bien leerme. Así que sí, ojalá todos los días sean igual de mierda que este.

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Cantar fuera de tono

Sé que la escribieron los Beatles, pero prefiero pensar que es de Joe Cocker. Si lo haces mejor, lo haces tuyo. Así que Cocker lo dice, dice que se las arregla con un poco de ayuda de sus amigos. Con los míos es mucho más fácil sentirse en Woodstock del 69. Con las mías las canciones del coche de vuelta suenan mejor.

No tengo ni idea de qué es el éxito. No sé lo que es triunfar, no sé lo que es conseguir sueños, no sé de qué color es saberse el mejor en algo. Sé lo que es tener gente a tu lado y saber que no se van a querer marchar. Sé a qué sabe un “no me planteaba no venir”, sé cómo acaricia un “ni te imaginas lo orgullosa que estoy de ti”.

Es mi victoria porque ellos me han ganado. Son mi medalla de oro. Mi puta alegría escondida en sus lágrimas de emoción.

Les quiero.

Algún día les haré entender que si me gusta tanto la soledad es porque no sé estar a la altura de su compañía. Lo haré porque se lo debo, lo conseguiré porque quiero prometérselo, se lo prometo porque se lo merecen.

Ella tenía razón, creían que espiaba, pero estaba aprendiendo. Y aprendiendo de los mejores. No necesito echar la vista atrás para saber dónde estoy, me basta con mirar a los lados para ver quién me va a hacer llegar donde quiero.

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Déjate ganar

Me acabo de enterar de que tengo que pasar la página de un libro que ni siquiera sabía que lo estaba leyendo. Sé que es típico lo de los libros y pasar página y todas esas cosas, podría haber hablado de que tengo que saltar en un charco sin darme cuenta de que estaba haciendo la danza de la lluvia. Yo que sé, muchas cosas, como arrancar la etiqueta de una cerveza que no te estabas bebiendo o lavar unos platos en los que no quisiste comer.

El caso es que tengo que pasar la página y empezar una novela que me da miedo que no me guste, o que me guste demasiado. Y no sé en quién pienso cuando digo esto. Supongo que alguna dirá que es una pena que no lo escriba por ella y otra dirá que es una pena que lo escriba tan tarde y otra que es una pena que lo escriba y no se lo susurre al oído. Qué más da.

Aunque no sepa por quién lo digo, sé que si tuviera que elegir, preferiría besarte de nuevo antes que volver a ver por primera vez mi película favorita. Me siguen dando miedo las despedidas y, por alguna extraña razón, se me pone cara de mala hostia cuando estoy a punto de ser feliz. No me lo explico, pero me sobra todo.

Hay días en los que quisiera no haber aprendido a leer nunca y días en los que me doy cuenta de que ya no me sé de memoria los colores con los que te pintas las uñas cada semana. Que parece ser que me gusta ponerme la zancadilla cuando voy a empezar a correr, pero estoy convencido de que no habrá quien me pare cuando me atreva a volar.

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Debajo de la historia de los tacones

En mi casa nunca hay nadie, no digo que esté solo, digo que nunca hay nadie. Me quedo aquí y pongo música y siempre acabo hablando de mí porque odio hablar del resto. Me intento inventar historias que sirvan de ejemplo para lo que quiero decir. Una metáfora que signifique mucho más de lo que podría significar. Y aún así me da igual porque al final no se lo enseño a nadie.

Escribo y escribo y lo dejo ahí y al final todos los textos son el mismo, y todas las mujeres son la misma, y la muerte nos separa, pero sigue siendo la misma mierda que nunca debería llegar a la vida de nadie.

Mira que sí, que te echo de menos, que me gustaría que estuvieras aquí para que te leyera esto en cuanto lo acabara de escribir. Porque mis mejores relatos son aún mejores cuando te los leía a ti. Ya ves, tanta soledad para poder inventarlo y tan poca compañía para poder hacerlo realidad.

Que sí, que me canso. Que siempre me acaba doliendo la espalda y mis hombros se contracturan y la tendinitis no creo que se me llegue a curar.

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