Archivo mensual: noviembre 2015

Qué raros los cordones

No estaba teniendo una gran semana. Lo de hacerse mayor y el estrés en el trabajo y las cosas que son para ayer y eso de sentir que estas gastando tu tiempo en algo que no es lo tuyo. Y me jode, me jode estar mal por algo que no me importa y pagar con quien me importa eso de no estar bien.

Y sucede lo de siempre, cuando lo malo no es importante, lo bueno siempre gana la partida. Hoy ha sido un gran día de mierda. Hoy he descubierto qué se siente cuando unos desconocidos te mandan un mail alegrándose de que les haya llegado el libro que has escrito. Hoy he vuelto a sentir eso que se siente cuando una vieja amiga te dice que se ha llevado tu libro a otro continente y que le ha gustado. Hoy me han hecho sonreír.

Iba a ser un día de mierda, estaba programado así. Pero entonces me he despertado y he visto que una persona que no me conoce de nada, me ha escrito un texto largo, decía muchas cosas. Hoy una persona me ha escrito y me ha dicho que le sienta bien leerme. Así que sí, ojalá todos los días sean igual de mierda que este.

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La primera vez que pruebo la miel

De verdad que no me molesta. Si en su día no me alegraba poder serlo, hoy no me da pena no haberlo sido. No se puede cambiar tan rápido de las sillas a los silencios, de las piscinas de bolas a las faldas de rayas, de los nombre con premio a los castillos medievales.

¿Lo ves? Y otra vez lo mismo. Que he cambiado tanto que tengo la impresión de que no he cambiado nada. Busco un día de mala suerte para comprar unos billetes de avión y cruzo a través del espejo para alquilar el mismo coche de siempre. Pienso en su disfraz y me acuerdo más de mis contraseñas que de sus arrugas.

Ahora mando por correo lo que antes me callaba. Son las cartas más importantes de mi vida y estas me da igual que no me las contesten y estas no me cansa volver a escribirlas. Estoy a oscuras y tengo un sol encima. Me gusta esto. Me gustaría poder enseñar que es posible. Poder gritarle al mundo que da igual en qué minuto pierdas el partido porque nos quedan muchas finales por jugar. Y que puede que haya gente que siempre duela, pero siempre llega alguien que mejora lo que pensábamos que no se podía mejorar. Por eso yo ahora soy más de puertas que de panfletos, más de paraísos que de enanos, más de brujas de la suerte que de gatos de la suerte.

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