Archivo mensual: octubre 2015

La pegatina del casco amarillo

Hay cosas que no entiendo, como lo de que las avellanas me parezcan insulsas, pero que el sabor a avellana sea de mis favoritos. Como que aborrezco las fresas, pero me gusta el sabor a fresa. Como que me gusta leer los peores libros de mi escritor favorito.

He parado porque me apetecía chocolate y si acaba sabiendo al queso más fuerte del mundo es que entonces hemos acertado.

Quería decirte que ya no me da miedo volver a ver mi serie favorita. Quería que supieras que cada día me apetece más seguir viendo contigo mi serie favorita. Quería aprender a no decirte que me hace ilusión que aparezcan pelos azules entre mi ropa cuando hago la colada.

No sé por qué pero escribo “colada” y me acuerdo de Macaulay Culkin en Solo en casa volviendo del supermercado cargado de bolsas. Esa también me la apunto, no es de mis favoritas, pero me apetece verla contigo.

Seguiré sin entenderlo, pero tengo claro que prefiero la gente que intenta dejar de hacerlo mal a la gente que siempre lo ha hecho bien. Me dan un miedo los que nunca se equivocan… Y que conste que hace tiempo que no regalo unos puntos suspensivos, pero aquí están, como lo de que ya nunca aceptaré a alguien que no le guste el ketchup o como lo de que tengo que admitir que me hace ilusión estar ilusionado.

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Te cortan el agua

Ya no empieza como iba a empezar. Quiero decir que al menos empieza. Iba a usar la excusa de las horas en el trabajo, del cansancio acumulado, del poco que decir y el mucho que compartir. Si esto lo hacía antes porque me gustaba, no sé por qué ahora tendría que dejar de hacerlo por miedo a que no guste.

Sé lo que va a pasar. Sé que me preocuparán más los números que las letras, pero también sé que no hay nada como la piel de gallina a volverlo a leer.

Que si le das un poco de margen al miedo te acaba desparejando todos los calcetines y eso no se puede remediar tan fácilmente. A ver, que si tienes la casa llena de globos es hacer trampa, como convertir en un disco de música unas cuentas frases sin sentido.

Por eso, no importa que no guste, no importa que no lo entiendan, no importa que no importe. Cuando lo hacías por ti nadie te dijo que iba a acabar teniendo portada y código de barras. Ahora no te bajas al barro para mancharte, pero tampoco escalas ninguna grúa para intentar volar.

Tampoco acabará como siempre. Pero cada vez que vuelvas por aquí, no lo hagas solo para volver a ver que lo hiciste, hazlo para pensar en lo que te gustaría ver. Créalo y asegúrate de que esto es lo que te gusta. Piérdele el miedo a que te pille con el pelo lleno de espuma.

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