Archivo mensual: septiembre 2015

Pongamos

Hoy hace ocho años que llegué aquí. Lo he calculado y son 2.920 días, sin contar los bisiestos. Siempre se me pierden los bisiestos. Pero más o menos, qué más da. Y no sé cómo contarlo. Se me escapan las películas y las series y las canciones. No lo cuento en amigos porque esos me los quedo para siempre, y no lo puedo contar en polvos porque estas cosas las leen mis padres.

Si me escuchara me diría que no es tan gris, que va a ser oscura y que va a doler y que le va a encantar. Y si él me pudiera hablar me diría que qué hago aquí, que quién me enseñó a tenerle miedo a marcharme y que cuándo voy a volver a huir.

Lo digo con el orgullo del joder, qué bien lo hemos hecho. Con la emoción del joder, qué bien me lo habéis hecho pasar. Con la esperanza del joder, la de cosas que nos quedan por hacer. Ocho años fuera de mi casa para aprender a perderle el miedo a no encontrar un sitio al que llamar hogar.

Tanta gente, tan importante, tantos días y tan lejos. Así es la vida, me dirán. Yo aún no me acostumbro a que llegue mi cumpleaños y mi madre no entre a mi habitación por la mañana para decirme una tontería que me dice siempre. Y es curioso porque no me gustan los cumpleaños, pero qué le voy a hacer, he tenido ocho años para practicar todas mis contradicciones.

¿Y ahora qué? Ahora nada. A esperar otros tantos años y otros tantos días; que llegue el recuento y alguien me pregunte y le diga “sí, tío, ya sé que aquí el mar no se puede concebir, pero es que a mí se me siguen perdiendo los bisiestos”.

 

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