Las mejores vísceras del mundo

Tres. Falta uno de más de mil para que sean tres. Más de mil, se dice pronto, más pronto que tres, más tres que cualquier otro número. Se está bien, pero es cansado, como llenar de cera una botella del alcohol más barato que tengas.

Quién me lo iba a decir, que ahora somos tres, que hace no mucho me entraban ganas de salir a correr y que ya no tengo que llamar por teléfono cuando mis bolsillos huelen a moneda. Nos reímos.

Por lo menos yo sí que sé a qué sabe la salsa más picante del mundo y me pongo una camiseta que me queda grande por si algún día engordo, o por si se me olvida darle al botón del agua fría de la lavadora. Tres.

Si nos hacemos ricos, será a base de elegir los números que más nos jodieron. Ganamos. Nos dejó de importar contra quién estábamos perdiendo y ganamos. No te digo tres, pero casi. O sí, tres. Tampoco sé si es porque todas las camas se han vuelto incómodas o porque son mejores los cojines a medias que las almohadas por la mitad.

¿Y dónde habrán quedado todas esas canciones? Siguen ahí. Me jode más escuchar las que casi fueron que las que ya no son. Bailamos. Tres. Cantamos. Queda tan poco que ni siquiera da miedo. Donde antes había lágrimas ahora hay un tenedor manchado. Lo conseguimos. Y que sepas, que si me tatué los puntos suspensivos fue por si acaso.

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1 comentario

Archivado bajo Adoquines, Nieve

Una respuesta a “Las mejores vísceras del mundo

  1. Gina.

    Al final, tres siempre acaba siendo uno y uno acaba llorando lágrimas de mil en mil y contando segundos de año en año.

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