Archivo mensual: febrero 2015

Trapo y saliva

Tengo una lista de regalos que nunca he hecho, también tengo una lista de tatuajes que me da miedo que me gusten y de masajes que no he dado y de viajes que se me han quitado las ganas de hacer. Lo importante son los regalos.

Folios y tinta de impresora para construir a los personajes de sus películas favoritas. Y pegamento. Y aprendí a cortar la cuchilla del cúter para que funcionara mejor. Ya ves, cortar una cuchilla para que pueda cortar mejor.

Un par de hamburguesas que no soy capaz de imaginar a qué huelen, pero creo que soy capaz de recordar a qué saben. Las dos columnas que hacían falta en su habitación para colgar la hamaca. La manta que me acabaron regalando a mí y una almohada casi tan buena como la que ya tenía.

El póster enmarcado. Un rallador de queso. El gorro de lana que nunca me apeteció aprender a coser. Y la pared de pizarra que íbamos a poner en nuestra casa, pero ese regalo me lo haré a mí. Será mi victoria, como la de la piscina de bolas que casi conseguimos.

Me iba a inventar unos cuantos más, pero creo que no merece la pena que se me ocurran. No hay mejor vago que el que no quiere hacer. Ni intentando enfadarme consigo ponerme triste, ni preguntándome por ti consiguen ponerme triste.

Es como que sí, que quería venir y recordarte y decirme “mira todo lo que no hiciste”. Y es que ni me acordaba; no sé de que me tengo que arrepentir porque ya ni me arrepiento. Y no sé si habrá alguien que esté de acuerdo, pero a mí nadie me va a convencer de que dejar de arrepentirte de un error no cuente como acierto.

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La cena

Creo que no lo entiendo, o que no me entiendo, o que no quiero entendernos. Me gusta que para ti nunca haya suficientes sobres de ketchup y no sé qué te parecerá a ti que me moleste tener que apurar hasta el final los botes de mayonesa. Y eso que me sale mejor la segunda que el primero, claro que la he hecho más veces y claro que del primero la primera me salió mejor. Lo dicho, que no me entiendo.

Que es un debate al que estoy acostumbrado, vivo dudando si nombrar a Jesse Pinkman y que le guste a demasiada gente, o hablar de Woody Grant y que no me haga caso nadie. Habrá algún término medio, pero tengo un amigo que me pegaría un puñetazo si me viera andarme con medias tintas. Acabaré haciendo lo que me dé la gana, y eso que desde hace unos meses no hay nada que me dé la gana en donde no aparezcas tú.

Suena bonito ¿eh? Porque es bonito, como descubrir que hasta los cojines tienen su sitio. Y acojona, como que ya no me da pereza levantarme a apagar la luz de la cocina.

Bueno, que hay días que no son el mejor día del mundo y noches que tampoco son el mejor día del mundo. Menos mal, porque hay días que estamos tan aburridos que se nos quitan las ganas de dormir. Cuando pasa nos da por contar dragones y si se nos acaban, nos quedan los caramelos de menta, que se les parecen, pero no son lo mismo. Ni somos los mismos, y menos mal. Me imagino cómo hubiera sido si no hubiéramos sido y no me gusta o, al menos, no me gusta tanto como que mi pendiente huela a tu vela favorita.

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