Mudanza y vinagre

De siete, me quedo con los tres primeros. No me he dejado ningún mueble atrás y he comprobado que pesa más vaciar una estantería que cargarla hasta un tercer piso. Ya no tengo ninguna pared que me sirva de excusa, el reloj por fin tiene pilas y la ventana de madera vieja se ha transformado en unas cortinas casi interminables.

Y estoy contento, de verdad. Tengo ganas de empezar a estar muy bien, de comprobar que todo lo bueno que esperamos es mucho peor que lo que va a llegar. Creo que podemos hacerlo, de hecho creo que tenemos que hacerlo.

Pero que el salón está prácticamente igual, la cocina es más pequeña, pero mejor y el baño es una mierda. Todos los baños son una mierda. No me importa mucho.

Lo que quiero decir es que al cambiar hay que dejar muchas cosas atrás y yo he acumulado demasiado. Es duro decidir con qué quedarte y ver que eso que no te llevas pertenece a esas personas que se han ido. He aprendido que es una mierda que haya objetos que te recuerden a gente, pero es que los que he tirado a la basura son los que no me recuerdan a nadie. Me supongo que por algo será.

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4 comentarios

Archivado bajo Nieve

4 Respuestas a “Mudanza y vinagre

  1. h i l i a n d o

    aprender a irse y aprender a que se vayan. creo que no hay mejor lección de vida, de los demás y de uno mismo.

  2. Lucia

    Espero que el cerdito pirata no lo hayas tirado 😦

  3. Gina.

    Nadie se va del todo y tú te quedas sin nada…

  4. Qué pena, o qué alegría, que haya gente que pueda mudar de piel.

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