Archivo mensual: septiembre 2014

Casi descalzos

Hace un año que lo patentamos y ahora he perdido la caja de herramientas para poder arreglar la silla blanca que suena tanto. Me imaginaba que iba a ser peor, vamos, fue peor, pero fue corto. Lo malo son las cosas malas que se alargan, como cuando te compras dos paquetes enteros de unas galletas que no sabías que no te gustaban.

Por supuesto que estoy hablando de una chica a la que ahora veo más guapa, pero que me gusta menos. Y puedo hablar de ella mientras corto los cables de una lampara que nunca he tenido muchas ganas de usar. Una lampara verde a la que le puedes regular la altura y que tiene unas poleas y un contrapeso para que no se caiga del todo.

Y eso, que puedo acariciar el gato de cualquiera, hasta me he planteado tener uno, pero a estos no les gustan. Se supone que vamos a tener tres peces, uno cada uno; dos ya tienen nombre y el tercero no sé si algún día lo tendrá. Si en el viaje no se rompe la pecera, claro.

Si se rompe, que se rompa y si a ti te apetece volver a equivocarte, equivócate. Ya lo siento, me molesta que suene la silla, pero en el fondo me encanta que se me hayan perdido las herramientas. Y regalaré la lámpara y me comeré las galletas y guardaré el nombre de mi pez para el próximo que llegue. Es que por supuesto que no lo hemos conseguido, pero tampoco hemos fracasado.

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Mudanza y vinagre

De siete, me quedo con los tres primeros. No me he dejado ningún mueble atrás y he comprobado que pesa más vaciar una estantería que cargarla hasta un tercer piso. Ya no tengo ninguna pared que me sirva de excusa, el reloj por fin tiene pilas y la ventana de madera vieja se ha transformado en unas cortinas casi interminables.

Y estoy contento, de verdad. Tengo ganas de empezar a estar muy bien, de comprobar que todo lo bueno que esperamos es mucho peor que lo que va a llegar. Creo que podemos hacerlo, de hecho creo que tenemos que hacerlo.

Pero que el salón está prácticamente igual, la cocina es más pequeña, pero mejor y el baño es una mierda. Todos los baños son una mierda. No me importa mucho.

Lo que quiero decir es que al cambiar hay que dejar muchas cosas atrás y yo he acumulado demasiado. Es duro decidir con qué quedarte y ver que eso que no te llevas pertenece a esas personas que se han ido. He aprendido que es una mierda que haya objetos que te recuerden a gente, pero es que los que he tirado a la basura son los que no me recuerdan a nadie. Me supongo que por algo será.

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