Archivo mensual: julio 2014

Una parte del discurso que nunca daré

Pero claro que he aprendido cosas. Ahora sé a qué sabe la impotencia cuando ves llorar sin consuelo a uno de tus mejores amigos y sé cómo se dan esos abrazos que no secan ninguna lágrima pero que pueden acabar en más de una sonrisa. He aprendido a desmontar muebles, a sacudir la ropa antes de tenderla y a echar el Nesquik antes que la leche.

He aprendido que es más fácil pintar sobre el papel de la pared que intentar arrancarlo. Me han enseñado que puedes rodearte de las escenas favoritas de tus películas favoritas; que los resultados de tu equipo de fútbol depende más del bar que del esfuerzo; que una caja de pizza puede ser el mejor cuadro que cuelgues en tu casa y que si levantaba mucho los brazos, se le acababa viendo el culo.

Unos años después sigo sin saber ganar, pero pierdo mejor. Tampoco sé despedirme, pero ya no le doy la bienvenida a cualquiera. Y me sigue gustando dormir acompañado, y eso sí que no pienso cambiarlo nunca. Y claro que he aprendido a emocionarme al ver cumplirse sueños ajenos, y claro que he aprendido a rodearme de gente que me ayude a cumplir los míos.

He conocido los ojos más bonitos del mundo, la boca más bonita del mundo, los escalofríos más largos del mundo. Ahora prefiero los sabores ácidos, las tostadas de aceite, los tés y las zanahorias.

Que es por ellos, que es gracias a ellas. Que no sé si podría haber aprendido más cosas, pero estoy convencido de que no las podría saber mejor. Volvería a conocerlos, a besarlas, a abrazar cuando no hay consuelo y a animar cuando lo conseguimos todo. Que sois la hostia.

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