Archivo mensual: enero 2014

Dejadnos temblar

Qué frío siempre en las manos, y dan igual los guantes y los bolsillos de los pantalones. Nadie nos vio golpeando la pared cuando fuimos felices. Porque, aunque ellos no lo sepan, nosotros derruimos muros cuando somos felices. O cuando nos dejan serlo, aún no lo tengo muy claro.

Dejemos que se sequen y que la habitación se llene del gas de un mechero que nadie nos ha querido robar. Puede que alguien se pregunte dónde está el humo y que ese alguien se llene de valor y diga en voz alta “Oye, ¿dónde está el humo?”. Y nadie le querrá contestar porque el humo ya se fue mucho antes de que la lluvia apagara la hoguera.

Eso sí, las manos siempre frías. Todos envolviéndose los pies con las mantas, pero ninguno se preocupa por las manos. Que luego no digan que no les avisamos, que no se pueden romper paredes con las manos frías y, si no derrumbas nada, no mereces ser feliz.

Y sin humo, claro. Y ellos dejando las tazas sin fregar, igual que yo. No se lo he dicho nunca a nadie, pero tengo tres tazas: una de una ciudad en la que no he estado, otra de una película que no he visto y otra de un café que no me gusta. Se me enfrían las manos cuando intento lavarlas y cuando lo hago me pregunto “¿dónde está el humo?”, pero no me atrevo a decirlo en alto. Nadie me escucha cuando me da miedo gritarlo y no sé qué hacer.

Así que no hago nada, solo cojo un mechero al que sí que se le ha acabado el gas. Todo se queda como estaba y todos se quedan como si no quisieran haber estado. Siempre es lo mismo. Todo es lo mismo. Las manos frías y las mantas sin doblar y la lluvia y las tazas sucias y los golpes en las paredes y los bolsillos de los pantalones y la hoguera que nadie supo volver a encender. ¿Y el humo? El humo nada, el humo ya da igual.

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Mañana como solo

Prefiero así. Prefiero tarde y mal antes que pronto y bien. Pero me da igual, vamos no me da igual pero voy a insistir en que no me importa porque siempre se me ha dado bien no hacerlo bien. Y eso que no sé qué hacer cuando llega el frío. Ni qué hacer cuando es demasiado tarde para hacer la cama. Ni qué hacer cuando no hay nadie que te diga qué es lo que no puedes hacer.

Ayer soñé con ella y con el novio que me he inventado que tiene. Y me di cuenta de que es más feliz con otro en mis sueños que conmigo en sus realidades. Diría que me jode, pero no me jode. Y diría que no me importa, pero sí que me importa.

Porque hay veces que eliges y otras que no. Hay veces que eliges ver cómo un amigo fuma un cigarro antes de besar a una chica que ha elegido dejar de besarte a ti. Y otras veces se te estropean los auriculares y tienes que escuchar cosas que nunca hubieses querido oír. No sé tú, pero yo no necesito preguntar si me quieren para saber si me quieren de verdad. Y tampoco necesito que me dejes de llamar para saber que te has olvidado de mí.

Que me hubiese gustado que me quitaras la razón cuando pienso que todo sería mejor sin ti. Ahora tengo la razón y no te tengo a ti y podría decir que así es mejor, pero no es mejor. Y ojalá que te importase, pero es que no te importa.

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Tú en su calle y yo en mi cama

Lo siento, no soy de esas personas que tienen calle. No tengo don de gentes ni le voy a caer bien a todos tus amigos cuando me conozcan. Si hay mucha gente, lo más seguro es que esté callado o que ni siquiera vaya, y si hay pocos lo más probable es que les caiga mal. No se me da bien hacerme el simpático.

Puedo parecer abierto y abrumarte con toda mi labia pero de verdad que no sabré hablar de mí. Me quedaré dentro de mi introversión, esconderé mi timidez con esa aparente seguridad mentirosa. Por eso me tiembla el pulso, por eso me aparto al rincón de los que veo que son como yo.

Eso sí, calle no tendré, pero lo que tengo es mucha habitación. Tengo acumuladas horas de películas y libros, tengo historias que me he imaginado y conversaciones que no sabías que se podían tener. Un día hice los cálculos con un amigo, tengo guardados unos tres años ininterrumpidos de conversación, podría hablarte durante más de mil días y ni siquiera te empezarías a aburrir. Y sé hacerte reír de más formas de las que tus dientes puedan soportar.

Que no les voy a caer bien a todos tus amigos a la primera, pero me cogerán cariño en cuanto me conozcan un poco. Ese es el problema, el de parecer lo que no se es. Lo bueno es cuando es para bien, lo malo es cuando os conformáis con los que son para mal.

Pero entiendo que no te atrevas. Sé que da miedo que alguien pueda tener todo lo que necesites. Fíjate, a mí me da miedo hacerme ilusiones con alguien que ni siquiera sé sí algún día le va a dar por existir.

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