Archivo mensual: diciembre 2013

Mi 2013

Mi 2013 empezó buscando a la chica del vestido rojo y va a acabar esperando que no le encuentre nadie. Ha compartido con un hermano la botella de Whisky irlandés que le regaló otro hermano.

Ha dormido con una chica a la que no le ha hecho el amor y quiso hacerle el amor  a una chica con la que aún no había dormido. Se emocionó cuando vio que su mejor amiga cumplía un sueño muy pequeño y se emocionó con el poema de un tío con un trastorno mental y se sigue emocionando cada vez que habla de su gente.

Mi 2013 podía haber tenido un nombre propio, podría ser el principio de todo, podría haber sido el “y a partir de entonces no necesité nada más”. A mi 2013 le hubiese encantado bajar las persianas todas las noches del año. Pero no lo consiguió. Consiguió leer más que nunca y ver más series que nunca y volver a ver las mismas películas de siempre.

Mi 2013 se tatuó tres puntos suspensivos y logró que le publicaran un relato con dos yogures de limón y uno de macedonia. Está orgulloso de toda la gente que está dispuesto a leerle y le acojona toda la gente que está dispuesto a leerle.

Mi 2013 me ha hecho ser mejor. Ha sido feliz solo por ver feliz a la gente que tiene cerca. Mi 2013 va a ser el primero de todos esos años que algún día diré que fueron la hostia. Y sigue manteniendo la esperanza de que alguien llame de madrugada y acaricie las sábanas que aún no se han acabado de secar.

En realidad, mi 2013 lo único que ha hecho es buscar excusas para no echarte de menos. Y ya ves que no lo ha conseguido. Y ya ves que ahora ya le da igual.

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Debajo de la historia de los tacones

En mi casa nunca hay nadie, no digo que esté solo, digo que nunca hay nadie. Me quedo aquí y pongo música y siempre acabo hablando de mí porque odio hablar del resto. Me intento inventar historias que sirvan de ejemplo para lo que quiero decir. Una metáfora que signifique mucho más de lo que podría significar. Y aún así me da igual porque al final no se lo enseño a nadie.

Escribo y escribo y lo dejo ahí y al final todos los textos son el mismo, y todas las mujeres son la misma, y la muerte nos separa, pero sigue siendo la misma mierda que nunca debería llegar a la vida de nadie.

Mira que sí, que te echo de menos, que me gustaría que estuvieras aquí para que te leyera esto en cuanto lo acabara de escribir. Porque mis mejores relatos son aún mejores cuando te los leía a ti. Ya ves, tanta soledad para poder inventarlo y tan poca compañía para poder hacerlo realidad.

Que sí, que me canso. Que siempre me acaba doliendo la espalda y mis hombros se contracturan y la tendinitis no creo que se me llegue a curar.

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