Archivo mensual: septiembre 2013

Si quieres te lo envuelvo

En el fondo esperaba que llegase. Y me jode esperarlo y me jode que no llegue y me jode que me joda. Pero qué le vamos a hacer, hay cosas en la vida que son como organizar una excursión un día de lluvia, o como preparar una cita con alguien que no sabe besar.

Culpa mía, que me empeño en tirar el dado o en levantar la cara o en adivinar si lo que va a salir es una cara o una cruz. Todo sin la más mínima posibilidad de ganar. Qué digo de ganar, sin posibilidad de encontrar a alguien que esté dispuesto a jugar conmigo.

Me imaginaba que llegarías y que ibas a hacer, no que todo fuese como antes, pero sí que dejara de ser como hasta ahora. Puede parecer un capricho, pero no me gusta que me olvide la gente que me gusta recordar.

Solo espero que ya no sea demasiado tarde cuando tengas ganas de que nos encontremos, porque yo ya no te voy a buscar. Has perdido una oportunidad mientras perdías una excusa. Y ya no más excusas, ni más esperas. Ya sí que no te dejo que me joda.

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La patente de la llave Allen

Sé que te debo una carta. Sé que te la iba a escribir cuando acabara todo. Lo que pasa es que a una parte de mí no le gusta escribir cartas y a la otra no le gusta que se acabe nada. Nunca se me ha dado bien saber cuál es el final de algo. Sé más de lo que me gusta y de las cosas que estaba dispuesto a  hacer.

Te iba a decir que me gusta tu cuello, los mordiscos que me dejabas en los hombros y el tiempo que tardas en lavarte los dientes. Que prefiero tu ropa interior cutre y que me encanta la cuarta letra de tu nombre. Que me pasaría media vida mirándote a la boca y la otra media besándote en la boca.

Que hubiera visto mil veces seguidas tu película favorita y que me sé de memoria todo lo que haces cada vez que te lías un cigarro. Que me gusta que te guste andar descalza, que tengo miedo a tu animal favorito y que estaba dispuesto a acariciar todos los días a tu animal favorito.

Y luego lo demás. Que mi cama nunca fue tan cómoda hasta que te tumbaste en ella. Y que no sabía que los tiranos pudiesen ser flanes y los flanes, tiranos. Que fue la hostia cuando me di cuenta de que se me había ido de las manos y que si tu hubieses querido, nos les habríamos pulido a todos.

Ojalá hubieras estado dispuesta a ser mi Clementine, a mentirme como a un loco, a ser mi puto London Calling.

En fin, no sé. Te llevaste mis escalofríos mientras me ganabas el campeonato mundial de pulso chino; algún día estarán de vuelta. Mientras tanto seguiremos con nuestra vida, tú riéndote como si te diera vergüenza reírte y yo alucinado con tu risa. Pero que quede claro que iba a estar bien, que íbamos a estar muy bien.

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