Y que sepa jugar al Catán

A veces pienso en cómo será la mujer perfecta para mí. Me imagino, por ejemplo, que la conoceré disfrazada de un dibujo animado de una serie infantil o de una de esas películas que he visto tantas veces, que son más reales que muchos de mis recuerdos. Ella bailará porque le encanta bailar y se enfadará conmigo porque yo no bailo tanto ni tan bien como ella.

Tendrá un piercing en la nariz o en la lengua o en los labios. Y si lo tiene en la lengua o en los labios me besará con él y de vez en cuando se lo quitará, no para besarme mejor, pero sí para besarme diferente. Dudará si quitárselo y me preguntará si ya es hora y yo le diré que no, que se lo deje, que me gusta que se lo quite solo para besarme diferente.

Se hará coleta y yo le diré que está más guapa con el pelo suelto, pero a ella le dará igual; estará guapa de todas formas. Así hasta llegar al punto en el que memorice su cara y no sepa si ha dejado de ser la más guapa del mundo y, por supuesto, me dé igual. También memorizaré sus lunares y sus tipos de risa y los movimientos que haga justo antes de tener un orgasmo.

Le gustará que escriba y comprenderá que no escriba sobre ella porque sabrá que de las importantes solo lo hago cuando se marchan, no cuando están. Le gustará que le lea lo que escribo y me dirá que en esos momentos es cuando más le gusta mi voz.

Preferirá dormir conmigo a dormir sola y le costará muy poco conciliar el sueño. Se dormirá en cualquier momento, viendo la televisión o hablando conmigo por teléfono y no me molestará porque será graciosa al despertarse. Sabrá que siempre me han gustado las mujeres sin tacones y que me importa más la voz que el color de los ojos. Yo la enamoraré haciéndole reír y ella me enamorará con su risa.

No compartirá muchos de mis gustos. No necesito que le gusten las mismas películas que a mí, de hecho, me encantaría que fuese una de esas personas que odia el cine, como Holden Cauldfield. Me enseñará cosas que no sé y comerá sin miedo a mancharse y le dará miedo encender los fuegos de mi cocina.

Aunque supongo que, en realidad, lo que necesito es una que no cumpla nada de esto, una que venga y me diga “Óscar eres idiota, no existe alguien perfecto para ti”. Y que ella no sea la perfecta, pero sí la mejor de todas.

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4 comentarios

Archivado bajo Cafeína, Ceniceros

4 Respuestas a “Y que sepa jugar al Catán

  1. Uvedoblehaciendoelpino

    Joder, mira que tenía ganas de volver a leer algo tuyo.

  2. Yo a lo demás no sé…pero al catán te gano seguro 😉

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