Archivo mensual: junio 2013

Nos vemos, Tony

Acabo de llegar a casa y lo primero que veo es que se ha muerto James Gandolfini. Justo hoy, que he conocido a un americano al que le he dicho que Gandolfini no es mi padre, pero casi. Iba a decir que quien no lo supiera él es quién hizo de Tony Soprano, pero claro, sería mentir. Tony Soprano no sería quien es, sin que James le pusiera su voz y su cuerpo y su alma y esa manera de respirar cuando comía que marcaba la diferencia entre un gran actor y James Gandolfini.

Y eso que no tengo ni idea de su vida. Ni siquiera sé si estaba casado o si tenía hijos. No sé si era homosexual, ni si tenía especial predilección por algún tipo de mascota. Me da igual. Me da igual si era un hijo de puta o si era la mejor persona del mundo.

Ha sido el culpable y la razón por la que Tony Soprano es para mí el mejor personaje que he visto y seguramente que nunca veré. Y, coño, me da pena que se haya muerto. No es pena de llorar, es pena de ver que el mundo hoy tiene menos arte, de ver que el mundo no está preparado para ciertos tipos de corazón.

Solo espero que allá donde esté, acabe de meter un plato de macarrones al microondas, se pasee con un albornoz roñoso y ni se haya planteado afeitarse. Espero que sea feliz y de fondo suene “Don’t Stop Believing” de Journey. Espero que cuando llegue mi fundido a negro y pase mi silencio de varios segundos me encuentre con él y le pueda decir: James, tío, nunca dejaste de ser el puto amo.

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El barro es mejor que las estrellas

No es necesario estar triste para hablar de tristeza, ni ser feliz para poder contar chistes. Parece difícil de comprender, pero algunos estamos más cómodos removiendo mierda que mezclando colores. No es que seamos depresivos, es que aprovechamos lo malo para crear algo bueno.

Felices a nuestra forma, pero felices al fin y al cabo. Podemos hablar del sabor, la velocidad y la temperatura de unas lágrimas mientras sonreímos como si tuviéramos todos los dientes del mundo.

Es fácil de entender si sabes que nuestra canción favorita habla de una ciudad en la que nunca hemos estado; y que nuestro bar favorito tiene el nombre de una película que no hemos visto.

Pues eso, que nos rebozamos en el estiércol. Ampliamos lo malo para que parezca menos malo. Como cuando nos rapamos al quedarnos calvos, o nos comemos una hamburguesa para celebrar que hemos engordado varios kilos.

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