Pensaba que habías soñado conmigo

Es como pretender dejar de sangrar a base de tener miedo a la sangre. Pues eso, que tiene más fuerza el terror a las agujas que las ganas de hacerme el tatuaje. Pero ganaré, supongo. Como cuando pierda la vergüenza a decirte todo lo que en su día no aprendí a callar.

Llegará ese día y tú tendrás el cuerpo lleno de dibujos y mi brazo izquierda será la mayor obra de arte del mundo. Tú mejor aún, yo más interesante aún. Y los dos jugando a encestar ropa en la lavandería más cutre de la ciudad.

Pues claro que estaría bien. Y estoy dispuesto, no te creas. Si hasta tengo pensado el nombre de la categoría si fueses tú la que me obligase a inventar una nueva categoría.

Lo que pasa es que no lo suelo decir porque cuando lo digo se va la de las coletas y prefiero parecer estúpido y que se quede a ser honesto y que se marche. Nunca he valorado mucho las verdades dolorosas.

Entonces que no te sorprenda. Cada vez que me preguntan qué tal estoy, siempre aparece tu nombre por medio. Acojona ¿verdad? Pues imagínate a mí, que me había propuesto no proponerme nada. Pero qué le voy a hacer si cada vez que oigo a la luciérnaga, sonrío esperando a que seas tú.

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