Archivo mensual: mayo 2013

Puede que lo necesites

Me he dado cuenta de que hay días en los que he conseguido no pensar en ti, pero aún no he podido pasar ni un día en el que no me de pena que no estés. Claro, yo pensaba que con despedirme ya iba a valer, pero no vale. Las ganas de que alguien se quede no desaparecen por decirle que se marche.

Pues eso, que esta es otra de esas promesas que me hice y que he vuelto a romper. Para eso están ¿no? Podría dejar de contradecirme, pero me estaría mintiendo.

O mejor aún, podría intentar abrir la puerta a alguien que no ha llamado al timbre. De hecho creo que ha olvidado la calle y la puerta y el sonido del timbre. A veces no se necesita saber quién hay detrás para estar seguro de que merece la puerta abrir una cerradura.

En el fondo me das envidia. Ya ves. Que algunos dicen que les gustaría escribir como yo, y a mí me gustaría no escribir como cuando no podía porque tú estabas por aquí.

Deja un comentario

Archivado bajo Ceniceros

Así con todo

Me gusta comer como un cerdo. No es por falta de educación ni nada de eso; mis padres se han encargado de enseñarme todas las normas para comer como una persona normal. Pero a mí me gusta así, manchándome y cogiendo las cosas con las manos y gastando más servilletas que cubiertos.

Es un espectáculo. Cuánto más me mancho comiendo una hamburguesa, más me gusta. De las alitas de pollo me como hasta el cartílago. De hecho, si puedo rompo el hueso y chupo la médula de dentro. Sí, una cerdada, ya lo he dicho, pero es que lo disfruto así, no podría hacerlo de otra manera.

Supongo que por eso siempre he procurado rodearme de gente que come a la misma velocidad que yo. No creo que haya nada mejor que competir con mis amigos por ver quién es el que come más de un plato que compartimos. Así somos, con nosotros a nadie le preocupa quedar mal por comerse la última patata, es más, quedas peor si no peleas por ella.

Y ya está, no somos ni mejor ni peor que nadie. Si yo quiero chupar mi plato, lo voy hacer; si otros prefieren no mancharse las manos, allá ellos. A mí lo que me pasa es que comer me hace feliz, y si algo me hace feliz, lo hago hasta el extremo, en vena como dicen algunos. Como si fuera lo último que hago, como si fuera lo último que quiero hacer.

Deja un comentario

Archivado bajo Nieve

Pensaba que habías soñado conmigo

Es como pretender dejar de sangrar a base de tener miedo a la sangre. Pues eso, que tiene más fuerza el terror a las agujas que las ganas de hacerme el tatuaje. Pero ganaré, supongo. Como cuando pierda la vergüenza a decirte todo lo que en su día no aprendí a callar.

Llegará ese día y tú tendrás el cuerpo lleno de dibujos y mi brazo izquierda será la mayor obra de arte del mundo. Tú mejor aún, yo más interesante aún. Y los dos jugando a encestar ropa en la lavandería más cutre de la ciudad.

Pues claro que estaría bien. Y estoy dispuesto, no te creas. Si hasta tengo pensado el nombre de la categoría si fueses tú la que me obligase a inventar una nueva categoría.

Lo que pasa es que no lo suelo decir porque cuando lo digo se va la de las coletas y prefiero parecer estúpido y que se quede a ser honesto y que se marche. Nunca he valorado mucho las verdades dolorosas.

Entonces que no te sorprenda. Cada vez que me preguntan qué tal estoy, siempre aparece tu nombre por medio. Acojona ¿verdad? Pues imagínate a mí, que me había propuesto no proponerme nada. Pero qué le voy a hacer si cada vez que oigo a la luciérnaga, sonrío esperando a que seas tú.

Deja un comentario

Archivado bajo Ceniceros