Archivo mensual: abril 2013

Me da pereza si es para siempre

Estoy harto de las amigas que dejan de ser amigas cuando encuentran novio. Y de las amigas que no se atreven a ser algo más que amigas porque tienen novio. Y de las exnovias a las que se les llenaba la boca diciendo que siempre íbamos a ser amigos.

Hablo de ellas y no de ellos porque de ellos solo conozco a uno que le pasó algo así y le conseguimos rescatar de la cárcel de las mujeres con el pelo rizado.

Luego son las primeras en aparecer delante de tu puerta cuando es su casa la que ha desaparecido. Tú tendrás que estar ahí, esperando a que lleguen, esperando a que en cualquier momento tenga ganas de volverse a ir. Pues que se vayan, que se vayan lejos, que se vayan a ese lugar tan lejano al que solo los besos desgastados y los regalos que ya no hace falta envolver son capaces de llegar.

Así que mira, adiós muy buenas. Me quedo con las amigas que son amigas pase lo que pase y les pase quien les pase. A esas sí, a esas siempre bien cerca. Al resto lejos, bien lejos. Allí donde son felices. Donde son tan felices que se les ha olvidado cómo reír.

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Así es imposible perder

Conozco a un grupo de amigas que son la hostia. Podría apuntarme el tanto y decir que también son amigas mías y en parte puede que lo sean, pero creo que es mejor meterlas dentro de ese grupo de personas que pase lo que pase siempre me alegraré de saber que están bien. Esta gente que te puedes tirar años sin ver y que a la media hora todo esté como siempre. Pues eso que son la hostia.

Prácticamente cada una está en un país y aun así se ponen de acuerdo y llega el cumpleaños de una de ellas y se graban un vídeo felicitándola. Que sí, que es una chorrada, que personalmente yo aborrezco los cumpleaños; pero veo los vídeos y me emociono.

Me entristece ver cómo la vida separa a las personas, pero admiro que luchen contra ello. Puede que todo esté muy difícil, que sería mucho más cómodo hacer una llamada. Ellas no, se ponen de acuerdo y hacen el maldito vídeo con la peor calidad del mundo y a mí que, ni me va ni me viene, me hace sonreír más de lo que se pueden imaginar.

Porque sí, mira, parece que hacerse mayor consiste en que te intenten convencer de que el mundo es una mierda. Y puede que lo sea, pero ellas se esfuerzan en estar juntas, porque quizás juntas todo es menos malo. Vamos que el mundo será una mierda y la vida todo lo dura que te quieran contar, pero que a mí no me intenten convencer de que teniendo a determinadas personas cerca, todo esto no merece mucho la pena.

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A esto me refería

Me deprime que haga buen tiempo. No es que vea el sol y me ponga a llorar y a partir de entonces no haya nadie capaz de sacarme de la cama. De hecho me encanta juntarme con mis amigos y sentarme en un banco o en el medio de una plaza y beber cerveza hasta darme cuenta de que no necesito mucho más. Pero no me gusta el el buen tiempo.

Todas las mañanas me levanto con una extraña sensación de que debería estar alegre, pero no lo estoy. Y eso que desde hace meses que no hay nada que me haga estar triste, aunque parezca todo lo contrario. Y si me da por dudarlo, mi mejor amiga me dice que está orgullosa de mí y lo arregla todo.

Quizás sea porque aborrezco tener la obligación de ser feliz. Los demás se pueden deprimir cuando ven la lluvia porque es lo que toca, porque la lluvia es lluvia, porque mojarse de agua es mucho más desagradable que empaparse de sudor. O quizás sea porque vengo de donde vengo y en una ciudad fría nadie sabe muy bien qué hacer cuando sale el sol.

Más bien me parece que es porque crecí viendo caer nieve del cielo. Y porque cuando descubres la felicidad de lanzar bolas de nieve, dejas de ser capaz de alegrarte por poder construir castillos de arena.

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No saben lo que se pierden ni lo que se van a encontrar

Empezaríamos a contar nuestros errores y llegaríamos a superar a todos sus aciertos. Hablo de nosotros contra el resto. hablo de lo perdedores que somos y las victorias que hemos conseguido.

Porque tan pronto nos declaramos un lunes por la mañana, como le aguantamos la borrachera estúpida a la exnovia de turno. Y lo hacemos con la camiseta llena de vómito y una caja llena de regalos debajo del hombro. Habrá quien se compadezca de nosotros, pero que lo hagan de ellas, que las consuelen a ellas.

No tenemos problema en pedir permiso para dormir con las dos tías más guapas de la ciudad y no nos importa que nos digan que no; llegaremos a casa y dormiremos con una amiga y no la rozaremos porque nosotros hacemos esas cosas.

Fundamos un grupo de música y lo único que hacemos es elegir el nombre. Sacamos el mejor disco del año y nos da pereza hacerle publicidad. Lo intentamos arreglar con un “te quiero” justo después de que pretendan echarnos de la discoteca. No sabemos hacerlo de otra forma, no vamos a querer hacerlo de otra forma.

Luego nos deja nuestra novia y nos tiramos un año sin besar a nadie. Y después de eso, nos enamoraremos de nuestra mejor amiga y estaremos cinco años suspirando por ella. Porque somos así, porque hacemos estas cosas. Porque nuestros mejores principios nos separan de su mierda de felicidad.

Y eso que algunos ni se conocen entre ellos. Pero nos une algo. La derrota de uno es la victoria de todos. Porque si quisiéramos ganar la partida, ya tendríamos la medalla entre nuestras manos. Nos gusta así. Nos gusta sin aplausos ni celebraciones. Nos gusta saber que, cuando queramos, se acaba el juego. Pero claro, no queremos.

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Por si no venías

Lo tenía pensado, de verdad. Iba a hacer algo bueno, bonito, de estás cosas tan bonitas que llegan a asustar. Pero creo que no lo voy a hacer. Supongo que lo estaré escribiendo en otro lado o en otra vida. No sé, nunca se me dio bien ser el primero de ninguna lista.

Quizás hay un sitio en el que yo esté esperando a que tú me escribas. Quizás existe un lugar en el que yo no pongo en duda nada y tú no estás segura de todo. Puede que lo haya y puede que esté tan lejos que nunca merezca la pena ir. Incluso, puede que esté tan lejos, que hemos visto como pasaba por nuestro lado demasiadas veces.

Me hace gracia pensarlo. Ya me ves, que me encanta imaginarme cosas y no estoy dispuesto a meter un “y si…” más en mi vida. A partir de ahora siempre será con tilde y sin los suspensivos, como tiene que ser, como nunca tuvo que dejar de serlo.

Pero qué se le va a hacer. Espero que allí tú sí que hubieses venido y yo hubiera escrito todo lo que tenía pensado. Espero que allí no haya listas, ni carreteras secundarias, ni chicas sin coletas. Espero que allí nunca me dejes llamarte por tu nombre.

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