La mejor foto del viaje

Me enseñó a andar en bicicleta y me abrazó cuando llegaron las turbulencias. Me enseñó a correr y me dijo que la besara y, claro, la besé. Compartimos gafas de sol y levantamos los brazos a la vez. No quiso dormir a mi lado y tuvimos que estar despiertos toda la noche.

De fondo suena una canción que habla de darse la vuelta y yo sé que sonríe aunque no llegue a girarse. Aplaude cada vez que oye un nombre. Cambia cigarros por minutos de masaje. La luz naranja me alumbra aunque esté a oscuras, aunque aún no sepa enfocar las fotos sin quitarle el automático.

Una noche le acompañé de vuelta a su casa. No era su casa y yo no era su compañía, pero da igual. Me aguanté las ganas de todo. El problema de los candados es que hay veces que no es el momento adecuado para encontrar la llave correcta. Es mejor que no nos roben aunque ni siquiera nosotros la podamos usar. Las ganas de todo y no pasó nada. O sí. Nunca se sabe cuando una discusión puede hacer que alguien te encante.

Lo que pasa es que después llovía. O no, no llovía, pero acabamos empapados y estábamos lejos y a la vuelta me dijo que la había abandonado, que había dejado tirada nuestra bicicleta para coger el taxi más rápido de toda la ciudad. No entendió que sin ella me daba miedo correr, que a veces el suelo también tiembla y a algunos nos da miedo que nos separen para siempre. Algunos nos dejaríamos la vida intentando saltar cualquier muro. Al final todo se seca y al final todos los muros están hechos para pintarlos o para mancharlos o para destrozarlos.

Hay muy poca gente dispuesta a enseñar algo. Hay muy pocas luces que manden escalofríos a lo más profundo de mi médula espinal. Ella tenía razón cuando le quitaba el flash a todas las fotos. Ella tiene razón cuando le hago reír.

Cuando la ves dan ganas de conocerla y cuando la conoces dan ganas de no dejarla de ver. Puede ser una tontería o una mentira o cualquiera de esas cosas insulsas que dan la felicidad, pero a través del cristal se ve algo borroso. Quizás sea mi reflejo, quizás sea lo que fui cuando no estaba ella. Quizás era así cuando no sabía cómo andar en bicicleta.

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1 comentario

Archivado bajo Ceniceros

Una respuesta a “La mejor foto del viaje

  1. Virginia

    ¡Bendita la hora en la que aprendiste a escribir!

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