Archivo mensual: febrero 2013

Concierto en acústico o lo que todavía no he fregado

Me queda una noche de soledad y una moneda que no da las suficientes vueltas como para jugarme algo a cara o cruz. Estoy seguro de que me va a tocar volver a hacer que me da igual que te dé igual. Luego hará frío y la ventana de mi habitación se llenará de vaho y yo intentaré escribir mi nombre, pero no tendré espacio para la última letra.

El consuelo es el de saber que solo es una noche y que tampoco tengo nada que jugarme. Podría comprarme dos huchas con forma de cerdo y llenarlas de todas las cosas que me arrepiento de no hacer, pero me da la impresión de que sería algo inútil.

Si al menos funcionase uno de los mecheros que hay en mi casa o alguien se hubiera olvidado un paquete de filtros…

Mejor así, la verdad, que luego amanece y no sabes lo que tienes alrededor. Y, cuando te quieres dar cuenta, toda tu ropa deja de oler a lo que tenía que oler.

1 comentario

Archivado bajo Nieve

Podría haber sido peor

Abrió la bolsa de patatas y todas se cayeron al suelo y, por mucho que intentamos recogerlas, el suelo nunca acabó de estar limpio y las patatas nunca supieron de la misma manera. Ella sabía que eran mis favoritas y también sabía que no era capaz de ponerme a gritarle como si al romper la bolsa hubiera roto algo más.

Creo que nunca llegó a sentirse culpable y yo no tenía la intención de echarle la culpa. Me parece que, de vez en cuando, la vida consiste en ver como otra persona tira al suelo tus patatas favoritas.

Todavía hoy quedan manchas de grasa en el parqué. Es lo que pasa cuando no te esfuerzas mucho en recoger algo que has visto caer o que se te ha caído.

No nos quedó más remedio que hacer una pelota con la bolsa, e intentamos encestarla en una papelera que hacía semanas que estaba a rebosar. Mucho tiene que rebosar una papelera como para que alguien como yo quiera vaciarla. Ganó ella, encestó primero. Se alegró y alzó los brazos y gritó de esa forma que a mí jamás llegó a gustarme.

No le dije nada, y no sé por qué, si ni siquiera estaba enfadado. Sí, me apetecían las patatas y sí, me parecía aburrido jugar a un juego en el que no teníamos nada que perder, pero ni siquiera me importaban todas las migas que habían quedado esparcidas por el salón.

En ese momento estaba seguro de que luego las iba a pisar con sus pies descalzos e iban a acabar entre esas sábanas que nunca quiso acompañarme a comprar.

Supongo que, mientras yo pensaba todo eso, ella empezó a preguntarme cosas, pero la verdad es que no me acuerdo. Solo sé que desde entonces no paro de plantearme qué habría pasado si yo hubiera abierto aquella maldita bolsa.

Deja un comentario

Archivado bajo Ventanas

Antes de nada

Quería terminar una historia que he empezado a escribir muchas veces en el último año. Una carta que nunca me he atrevido a mandar. Un sobre que no supe cómo se cerraba. Un sello que no quise saber dónde tenía que comprarlo.

Y todo porque quería decirle que no me acuerdo de cómo llegó y no he querido ver cómo se ha despedido. Lo que recuerdo es que le hice reír muchas más veces de las que le hice llorar. Que los orgasmos ganaron a las discusiones y que, cuando dormíamos, le abracé más veces de las que le dije que se echara a un lado. Y, por supuesto, que hubo más caricias que palabras bordes, igual que sus dibujos siempre fueron mejores que mis letras.

Pero claro, el problema llega cuando una solo quiere recordar ciertas cosas y el otro no sabe ni qué tiene que olvidar. Yo he acumulado todos nuestros litros de saliva y de sudor. Me he quedado con los envoltorios de regalos que nos hemos hecho. Y me guardo las ganas de todo lo que íbamos a hacer.

Me da pena perder lo que había antes de que todo empezara, pero ya no hay nada que hacer. Si tengo tres puntos suspensivos colgados en la pared y solo se caen dos, la pared sigue siendo pared, pero ya no hay nada que no se tenga que acabar.

1 comentario

Archivado bajo Ceniceros

Casi como respirar

No sé si he venido o estoy volviendo, pero aquí estoy. Vengo a decir la verdad rodeada de mentiras, a olvidar recuerdos y a imaginarme un futuro que igual no llega.

Vengo a hablar de mí. A hablar de las que fueron, de la que ha sido, de la que puede que sea y de las que nunca serán. También hablaré de vosotros y de todo lo que podemos ser cuando estamos juntos.

Vengo a que muchos se ofendan y algunos se emocionen. Vengo a que mis padres se sientan orgullosos de lo que puedo hacer. Vengo a que mis amigos sonrían.

En definitiva, que vengo aquí porque necesitaba hacerlo.

5 comentarios

Archivado bajo Cafeína