Mi 2015

Mi 2015 no recuerda cómo empezó sin ningún propósito y ha acabado cumpliendo unos sueños que no sabía que tenía. Ha madrugado más que nunca, pero también ha soñado más que nunca.

Mi 2015 ha descubierto cómo escribe su nombre su cantante favorito. Tiene una portada con varias líneas y una mancha roja. Mi 2015 ha aprendido a mandar cartas por correo, a rellenar hojas de cálculo y a pedir perdón por cosas que antes le enfadaban.

Mi 2015 se siente raro, se está haciendo mayor y se aleja de cosas que no le gustaría alejarse y de personas que no le gustaría despedir. Pero mi 2015 ha sido bueno, sabe que no hay nada mejor que ponerse una luz en la frente para comprobar cuantos caracteres caben en un trozo de papel.

Mi 2015 tiene una nariz de repuesto y está convencido de que sin peluca se juega mejor al tenis de cuatro letras. Mi 2015 cierra los ojos cada vez que habla y cierra la boca cada vez que no tiene nada que decir.

Mi 2015 tiene un nombre propio y habla con acento escocés. Se ha vuelto a perder en una isla desierta y lo graba todo de color azul. Mi 2015 ha llorado mucho y ha reído mucho y traiciona a todos los demás durmiéndose como no se ha dormido nunca.

Mi 2015 no quiere callarse, porque no quiere que termine. Ha sido tan bueno que ha sido raro, ha sido tan raro que quedará marcado para siempre. El de conseguir sueños, el de poder hacer un discurso de agradecimiento, el de ver su nombre detrás de un telón.

Mi 2015 ha estado ahí para algunos y volverá a estar ahí para todos. A mi 2015 le gustaría pedir perdón a los que están un poco más lejos y le gustaría prometerles que pronto volverá.

Mi 2015 ha sido cambios, ha sido victorias, ha sido saltos al vacío y gorros de cuadros. Mi 2015 ha sido un “lo he conseguido” y nadie me quita que estaba a mi lado. Mi 2015, nuestro 2015.

Deja un comentario

Archivado bajo Adoquines

Qué raros los cordones

No estaba teniendo una gran semana. Lo de hacerse mayor y el estrés en el trabajo y las cosas que son para ayer y eso de sentir que estas gastando tu tiempo en algo que no es lo tuyo. Y me jode, me jode estar mal por algo que no me importa y pagar con quien me importa eso de no estar bien.

Y sucede lo de siempre, cuando lo malo no es importante, lo bueno siempre gana la partida. Hoy ha sido un gran día de mierda. Hoy he descubierto qué se siente cuando unos desconocidos te mandan un mail alegrándose de que les haya llegado el libro que has escrito. Hoy he vuelto a sentir eso que se siente cuando una vieja amiga te dice que se ha llevado tu libro a otro continente y que le ha gustado. Hoy me han hecho sonreír.

Iba a ser un día de mierda, estaba programado así. Pero entonces me he despertado y he visto que una persona que no me conoce de nada, me ha escrito un texto largo, decía muchas cosas. Hoy una persona me ha escrito y me ha dicho que le sienta bien leerme. Así que sí, ojalá todos los días sean igual de mierda que este.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

La primera vez que pruebo la miel

De verdad que no me molesta. Si en su día no me alegraba poder serlo, hoy no me da pena no haberlo sido. No se puede cambiar tan rápido de las sillas a los silencios, de las piscinas de bolas a las faldas de rayas, de los nombre con premio a los castillos medievales.

¿Lo ves? Y otra vez lo mismo. Que he cambiado tanto que tengo la impresión de que no he cambiado nada. Busco un día de mala suerte para comprar unos billetes de avión y cruzo a través del espejo para alquilar el mismo coche de siempre. Pienso en su disfraz y me acuerdo más de mis contraseñas que de sus arrugas.

Ahora mando por correo lo que antes me callaba. Son las cartas más importantes de mi vida y estas me da igual que no me las contesten y estas no me cansa volver a escribirlas. Estoy a oscuras y tengo un sol encima. Me gusta esto. Me gustaría poder enseñar que es posible. Poder gritarle al mundo que da igual en qué minuto pierdas el partido porque nos quedan muchas finales por jugar. Y que puede que haya gente que siempre duela, pero siempre llega alguien que mejora lo que pensábamos que no se podía mejorar. Por eso yo ahora soy más de puertas que de panfletos, más de paraísos que de enanos, más de brujas de la suerte que de gatos de la suerte.

Deja un comentario

Archivado bajo Ceniceros

La pegatina del casco amarillo

Hay cosas que no entiendo, como lo de que las avellanas me parezcan insulsas, pero que el sabor a avellana sea de mis favoritos. Como que aborrezco las fresas, pero me gusta el sabor a fresa. Como que me gusta leer los peores libros de mi escritor favorito.

He parado porque me apetecía chocolate y si acaba sabiendo al queso más fuerte del mundo es que entonces hemos acertado.

Quería decirte que ya no me da miedo volver a ver mi serie favorita. Quería que supieras que cada día me apetece más seguir viendo contigo mi serie favorita. Quería aprender a no decirte que me hace ilusión que aparezcan pelos azules entre mi ropa cuando hago la colada.

No sé por qué pero escribo “colada” y me acuerdo de Macaulay Culkin en Solo en casa volviendo del supermercado cargado de bolsas. Esa también me la apunto, no es de mis favoritas, pero me apetece verla contigo.

Seguiré sin entenderlo, pero tengo claro que prefiero la gente que intenta dejar de hacerlo mal a la gente que siempre lo ha hecho bien. Me dan un miedo los que nunca se equivocan… Y que conste que hace tiempo que no regalo unos puntos suspensivos, pero aquí están, como lo de que ya nunca aceptaré a alguien que no le guste el ketchup o como lo de que tengo que admitir que me hace ilusión estar ilusionado.

Deja un comentario

Archivado bajo Cafeína

Te cortan el agua

Ya no empieza como iba a empezar. Quiero decir que al menos empieza. Iba a usar la excusa de las horas en el trabajo, del cansancio acumulado, del poco que decir y el mucho que compartir. Si esto lo hacía antes porque me gustaba, no sé por qué ahora tendría que dejar de hacerlo por miedo a que no guste.

Sé lo que va a pasar. Sé que me preocuparán más los números que las letras, pero también sé que no hay nada como la piel de gallina a volverlo a leer.

Que si le das un poco de margen al miedo te acaba desparejando todos los calcetines y eso no se puede remediar tan fácilmente. A ver, que si tienes la casa llena de globos es hacer trampa, como convertir en un disco de música unas cuentas frases sin sentido.

Por eso, no importa que no guste, no importa que no lo entiendan, no importa que no importe. Cuando lo hacías por ti nadie te dijo que iba a acabar teniendo portada y código de barras. Ahora no te bajas al barro para mancharte, pero tampoco escalas ninguna grúa para intentar volar.

Tampoco acabará como siempre. Pero cada vez que vuelvas por aquí, no lo hagas solo para volver a ver que lo hiciste, hazlo para pensar en lo que te gustaría ver. Créalo y asegúrate de que esto es lo que te gusta. Piérdele el miedo a que te pille con el pelo lleno de espuma.

Deja un comentario

Archivado bajo Adoquines

Pongamos

Hoy hace ocho años que llegué aquí. Lo he calculado y son 2.920 días, sin contar los bisiestos. Siempre se me pierden los bisiestos. Pero más o menos, qué más da. Y no sé cómo contarlo. Se me escapan las películas y las series y las canciones. No lo cuento en amigos porque esos me los quedo para siempre, y no lo puedo contar en polvos porque estas cosas las leen mis padres.

Si me escuchara me diría que no es tan gris, que va a ser oscura y que va a doler y que le va a encantar. Y si él me pudiera hablar me diría que qué hago aquí, que quién me enseñó a tenerle miedo a marcharme y que cuándo voy a volver a huir.

Lo digo con el orgullo del joder, qué bien lo hemos hecho. Con la emoción del joder, qué bien me lo habéis hecho pasar. Con la esperanza del joder, la de cosas que nos quedan por hacer. Ocho años fuera de mi casa para aprender a perderle el miedo a no encontrar un sitio al que llamar hogar.

Tanta gente, tan importante, tantos días y tan lejos. Así es la vida, me dirán. Yo aún no me acostumbro a que llegue mi cumpleaños y mi madre no entre a mi habitación por la mañana para decirme una tontería que me dice siempre. Y es curioso porque no me gustan los cumpleaños, pero qué le voy a hacer, he tenido ocho años para practicar todas mis contradicciones.

¿Y ahora qué? Ahora nada. A esperar otros tantos años y otros tantos días; que llegue el recuento y alguien me pregunte y le diga “sí, tío, ya sé que aquí el mar no se puede concebir, pero es que a mí se me siguen perdiendo los bisiestos”.

 

1 comentario

Archivado bajo Nieve

Cantar fuera de tono

Sé que la escribieron los Beatles, pero prefiero pensar que es de Joe Cocker. Si lo haces mejor, lo haces tuyo. Así que Cocker lo dice, dice que se las arregla con un poco de ayuda de sus amigos. Con los míos es mucho más fácil sentirse en Woodstock del 69. Con las mías las canciones del coche de vuelta suenan mejor.

No tengo ni idea de qué es el éxito. No sé lo que es triunfar, no sé lo que es conseguir sueños, no sé de qué color es saberse el mejor en algo. Sé lo que es tener gente a tu lado y saber que no se van a querer marchar. Sé a qué sabe un “no me planteaba no venir”, sé cómo acaricia un “ni te imaginas lo orgullosa que estoy de ti”.

Es mi victoria porque ellos me han ganado. Son mi medalla de oro. Mi puta alegría escondida en sus lágrimas de emoción.

Les quiero.

Algún día les haré entender que si me gusta tanto la soledad es porque no sé estar a la altura de su compañía. Lo haré porque se lo debo, lo conseguiré porque quiero prometérselo, se lo prometo porque se lo merecen.

Ella tenía razón, creían que espiaba, pero estaba aprendiendo. Y aprendiendo de los mejores. No necesito echar la vista atrás para saber dónde estoy, me basta con mirar a los lados para ver quién me va a hacer llegar donde quiero.

1 comentario

Archivado bajo Uncategorized

Las mejores vísceras del mundo

Tres. Falta uno de más de mil para que sean tres. Más de mil, se dice pronto, más pronto que tres, más tres que cualquier otro número. Se está bien, pero es cansado, como llenar de cera una botella del alcohol más barato que tengas.

Quién me lo iba a decir, que ahora somos tres, que hace no mucho me entraban ganas de salir a correr y que ya no tengo que llamar por teléfono cuando mis bolsillos huelen a moneda. Nos reímos.

Por lo menos yo sí que sé a qué sabe la salsa más picante del mundo y me pongo una camiseta que me queda grande por si algún día engordo, o por si se me olvida darle al botón del agua fría de la lavadora. Tres.

Si nos hacemos ricos, será a base de elegir los números que más nos jodieron. Ganamos. Nos dejó de importar contra quién estábamos perdiendo y ganamos. No te digo tres, pero casi. O sí, tres. Tampoco sé si es porque todas las camas se han vuelto incómodas o porque son mejores los cojines a medias que las almohadas por la mitad.

¿Y dónde habrán quedado todas esas canciones? Siguen ahí. Me jode más escuchar las que casi fueron que las que ya no son. Bailamos. Tres. Cantamos. Queda tan poco que ni siquiera da miedo. Donde antes había lágrimas ahora hay un tenedor manchado. Lo conseguimos. Y que sepas, que si me tatué los puntos suspensivos fue por si acaso.

1 comentario

Archivado bajo Adoquines, Nieve

Trapo y saliva

Tengo una lista de regalos que nunca he hecho, también tengo una lista de tatuajes que me da miedo que me gusten y de masajes que no he dado y de viajes que se me han quitado las ganas de hacer. Lo importante son los regalos.

Folios y tinta de impresora para construir a los personajes de sus películas favoritas. Y pegamento. Y aprendí a cortar la cuchilla del cúter para que funcionara mejor. Ya ves, cortar una cuchilla para que pueda cortar mejor.

Un par de hamburguesas que no soy capaz de imaginar a qué huelen, pero creo que soy capaz de recordar a qué saben. Las dos columnas que hacían falta en su habitación para colgar la hamaca. La manta que me acabaron regalando a mí y una almohada casi tan buena como la que ya tenía.

El póster enmarcado. Un rallador de queso. El gorro de lana que nunca me apeteció aprender a coser. Y la pared de pizarra que íbamos a poner en nuestra casa, pero ese regalo me lo haré a mí. Será mi victoria, como la de la piscina de bolas que casi conseguimos.

Me iba a inventar unos cuantos más, pero creo que no merece la pena que se me ocurran. No hay mejor vago que el que no quiere hacer. Ni intentando enfadarme consigo ponerme triste, ni preguntándome por ti consiguen ponerme triste.

Es como que sí, que quería venir y recordarte y decirme “mira todo lo que no hiciste”. Y es que ni me acordaba; no sé de que me tengo que arrepentir porque ya ni me arrepiento. Y no sé si habrá alguien que esté de acuerdo, pero a mí nadie me va a convencer de que dejar de arrepentirte de un error no cuente como acierto.

1 comentario

Archivado bajo Cafeína

La cena

Creo que no lo entiendo, o que no me entiendo, o que no quiero entendernos. Me gusta que para ti nunca haya suficientes sobres de ketchup y no sé qué te parecerá a ti que me moleste tener que apurar hasta el final los botes de mayonesa. Y eso que me sale mejor la segunda que el primero, claro que la he hecho más veces y claro que del primero la primera me salió mejor. Lo dicho, que no me entiendo.

Que es un debate al que estoy acostumbrado, vivo dudando si nombrar a Jesse Pinkman y que le guste a demasiada gente, o hablar de Woody Grant y que no me haga caso nadie. Habrá algún término medio, pero tengo un amigo que me pegaría un puñetazo si me viera andarme con medias tintas. Acabaré haciendo lo que me dé la gana, y eso que desde hace unos meses no hay nada que me dé la gana en donde no aparezcas tú.

Suena bonito ¿eh? Porque es bonito, como descubrir que hasta los cojines tienen su sitio. Y acojona, como que ya no me da pereza levantarme a apagar la luz de la cocina.

Bueno, que hay días que no son el mejor día del mundo y noches que tampoco son el mejor día del mundo. Menos mal, porque hay días que estamos tan aburridos que se nos quitan las ganas de dormir. Cuando pasa nos da por contar dragones y si se nos acaban, nos quedan los caramelos de menta, que se les parecen, pero no son lo mismo. Ni somos los mismos, y menos mal. Me imagino cómo hubiera sido si no hubiéramos sido y no me gusta o, al menos, no me gusta tanto como que mi pendiente huela a tu vela favorita.

1 comentario

Archivado bajo Ceniceros